Venía yo por la carretera en mi automóvil cuando de pronto, tras una nube, apareció la luna.
Era una luna niña... pequeñita... apenas una promesa de luna... diminuta pestaña sobre la ojera de la noche.
Yo me detuve a verla... a mí toda belleza me detiene. En medio de la oscuridad aquella luna que empezaba a ser luna era el único claror.
Pensé que al paso de los días crecerá hasta llenarse de sí misma. Luego entrará en menguante y desaparecerá... Pero otra vez volverá a ser esta pequeña luna que es ahora y que a sí misma se repite siempre... siempre...
Todo el mundo, pienso, es un pequeño ciclo. Así el día y la noche; así los meses y los años; así las estaciones...
Todo termina y vuelve a comenzar.
Allá la luna. Aquí yo que la miro... y que me miro en ella.